Su profesión es un arte, busca la belleza en todo lo que vende y lo transforma.

Su mente va más allá de lo que ya está escrito, va en busca de referentes por dónde sea que vaya.

Sí, su objetivo final es vender, pero lo hace con gracia e ingenio.

Esta es mi profesión.

Cautivo con palabras, doy vuelta a las ideas para que tomen un rumbo creativo. Persuado y busco la belleza en cada pieza.

Me gano la vida viviendo de mi arte, aunque voy un paso más allá que los pintores de la calle.

Algunos piensan que trabajo con el diablo, aunque en realidad lo hago con la sociedad de consumo.

Pero no todo es fácil.

Hay clientes difíciles, limitados de mente que no quieren creer en el poder de las ideas.

Hay días en donde las ideas bullen y otros en los que no se te ocurre nada.

Y por si fuera poco, la inspiración te llega en los momentos más inoportunos, si no tienes un papel cerca, esas ideas se esfuman, tal como llegaron, y de repente ya no recuerdas nada.

Gracias a Dios hay empresas que creen a ciegas en lo que hago y dejan que su negocio se beneficie de conectar con el cliente real.

Hago que las palabras sean poesía y que las imágenes sean arte.

Sin creatividad muero, ya lo he comprobado. Necesito estar en constante producción de ideas y tener un trabajo que me permita transmitirlas. Tampoco puedo crear por crear, necesito que lo que hago tenga un fin, y ese fin es persuadir.

Mi profesión es el arte de hacer que las personas quieran comprar mi producto, pero no porque yo se los pido sino porque los he convencido.

¿El secreto del éxito en mi profesión? Tres palabras: talento, experiencia y referentes.

No cambiaría mi profesión por ninguna otra en el mundo.